Crónicas

Contando historias.

Un partido en el ambiente de la Blue Rain

Si quizás te surge una pregunta al leer el título acá expuesto, la respuesta es sí. En verdad me integré a una de las 2 barras pasionales quienes alientan siempre a Millonarios, el equipo bogotano de fútbol y uno de los más gloriosos del país. Esto ocurrió durante los 90 minutos de un partido. La elección de a qué barra acudir fue sorteada por consecuencia de las pocas boletas que habían, por ende, le compré a un revendedor dicha boleta para la tribuna sur, porque los Comandos Azules, la otra barra, abarrotó todo el norte del estadio El Campin. La Blue Rain es la barra bogotana que lleva más de 20 años apoyando al equipo Albiazul en todo momento. Aquella barra que siempre se ve en la tribuna sur de El Campín y eventualmente cambia de lugar.

Claro que cada previa tiene su protocolo para el hincha, por esto yo me preparé con antelación: me puse el buzo azul con el escudo de Millonarios a flor de piel, las zapatillas Adidas, un jean entubado y una tula Adidas la cual llevaba una chaqueta en caso de lluvia. Estando ya en las afueras del estadio, sobre la Carrera 30, busqué junto al novio de mi madre (quien me acompañó al cotejo) una boleta que ofreciera cualquier revendedor a un precio asequible. La oferta elegida fue $70.000 por dos boletas para Alta Sur, puro precio de reventa, de antemano se sabía que no interesaban los asientos, es más, allí no era permitido sentarse.

Ya con boleta en mano nos remitimos a la fila en la entrada sur. Tocó hacer dos filas: una para verificar que teníamos boleta y la segunda para ingresar a las tribunas. Me requisaron estrictamente dos veces, a mi acompañante no le vieron el por qué requisarlo tan fuerte; en cambio, yo y muchos más despertamos olfatos y miradas al quitarnos los zapatos y sacar cada uno de los objetos que tenía en los bolsillos. Mientras tanto, jóvenes vendían royos de papel para arrojar a la entrada de la titular. El ingreso a la tribuna se hizo brusco, ya que una muchacha de logística no quería dejar entrar a la gente por ser tan grosera y desordenada. Sin embargo, la ola de hinchas enardecidos aplastó a la mujer, dejando su autoridad por el piso.

Logré entrar, pero la tribuna que referenciaba mi boleta estaba llena de integrantes de la barra, quienes amenizan los cantos con bombos y trompetas, esa era la parte superior en donde también se encuentran los líderes de la barra. Nos ubicamos rápidamente en un lugar rodeado de hinchas en su mayoría jóvenes con pelo largo, cara pintada y trapos en la mano. Yo no lograba ver la cancha, entonces me di cuenta que había que pararse en las sillas y no en el cemento aledaño a ellas. Millonarios salió al campo de juego y la euforia no se hizo esperar, los cantos nunca pararon, pero yo no me lograba adaptar al lugar. Cuando sonó el himno de Bogotá, se desprendió una inmensa bandera sobre nuestras cabezas y con ella se oyeron gritos masivos: “Sin camiseta, sin camiseta”, se escuchaba. De inmediato, Humberto y yo nos desprendimos de nuestras prendas superiores y comenzamos a saltar como obligados por el entorno de la fanaticada.

El partido comenzó y como por inercia nosotros dejamos de saltar, debido al interés de ver el despliegue futbolístico ofrecido en la grama. Sucedió algo inesperado hasta ese momento; “canten canten hijueputas” era lo que yo escuchaba a mi espalda, en ese momento, sentí un empujón que me arrojó junto a Humberto casi cuatro filas adelante, me caí y por poco pierdo las gafas. Los barristas a nuestro lado se percataron de que no estábamos cantando. Comprendí tal actitud y decidí cantar mientras Humberto se postró en la parte más baja de la tribuna y poco peligrosa. Yo conocía con antelación algunas de las canciones puesto que tengo un CD del primer álbum de los Comandos Azules, la letra de las canciones que no conocía se me pegaban por intuición más que todo. Recuerdo aún uno de los coros de aliento que más sonó: “Desde chiquito yo te vengo a ver, y me persigue la policía, no se hasta cuando me van a joder, no se dan cuenta que tu eres mi vida; vaaamos azuuules, hay que poner más huevo, con esta hinchada, vamo a salir, campeón de nuevo” o “Y vaamos los milloos, te queremos ver ganar, y vaamos los milloos, otro campeonato más. Todos saltando en el tablóon, todos aquí llenando la po-pu-lar, te pedimos un favoor, solooo una estrella más” ésta última distintiva de la Blue Rain.

El primer tiempo transcurrió así, entre empujones originados por nosotros y para nosotros, inclusive una pareja de ancianos se escurría entre las pecheras azules. Millos se fue con resultado cero a cero. Muchas personas bajaron a la primer planta de la tribuna, cuando llegué al baño, éste acumulaba un gran número de hinchas sin camisetas, con vasos plásticos llenos de agua para darle un refresquito al cuerpo y también beber un poco. Casi no puedo orinar, y eso que al interior se encontraban dos policías controlando la situación. Comenzó el segundo tiempo y la rutina continuó, aunque el lugar no era el mismo, estábamos ubicados unos puestos más hacia la parte lateral de la tribuna, porque la situación era difícil y Humberto ya estaba enojado. Una voz sonó por los parlantes del estadio: “Las personas ubicadas en la tribuna sur favor apagar la pólvora”, los tesos de la barra ya habían prendido pólvora, algo no permitido; aunque los hayan requisado tal como lo relaté, ellos tienen sus métodos para ingresar elementos prohibidos. La euforia de los hinchas llegó al éxtasis, al punto sublime y fuerte para alguien como Humberto y yo, dos primíparos en la materia. Millos hizo gol y toda la tribuna se nos vino encima como una ola en pleno océano abierto, es una avalancha por rangos prácticamente, los más vulnerables reciben el peso de la hinchada. Humberto se llevó un codazo de recuerdo.

La segunda parte transcurrió en mismos términos que la primera, simplemente se le agregó otra pisca del ingrediente estrella:, el gol. Una vez más quedamos aplastados cuando Millonarios marcó el segundo tanto, claro que ya teníamos algo más de cancha, pues no nos dio tan duro la avalancha. Faltaba el gol de la clasificación, yo estaba metido en el papel mientras Humberto se encontraba casi en la entrada de la tribuna cansado de la situación. Un último tranquilizaría el paso de Millos hacia cuartos de final de un torneo internacional. El ambiente se tornó dramático, los cantos eran tenues y las banderas no se agitaban como antes. El miedo del gol rival siempre perdura, y más contra un equipo brasileño. Lo anhelado llegó, tras pase de Mayer Candelo, Lewis Ochoa marcó con potencia el 3 a 0. La Blue Rain avanzó con más vehemencia hacia el frente, pero yo cegado por mi propia pasión me encaramé sobre dos hinchas y me agité gritando el gol con monumental fuerza, porque sabía que aquel tanto era de esos que no se celebran, se viven.

Al fin y al cabo me introduje en el papel, pero esto no es para cualquiera. ¿Por qué se vuelve restringido este lugar para una persona que quiera ver el partido con su familia?, el comportamiento de la barra origina el embrollo del asunto. Cualquier persona puede ingresar allí por voluntad propia, pero lo que suceda después lo aparta de su objetivo que es ver el partido, de ahí que los que saltan y cantan estén tan pendientes del juego como tal y solo piensan en crear un ruido total que puede jugar a favor o en contra del desempeño del equipo. La salida del estadio fue normal, debido al rival brasileño: el gran Palmeiras, que tenía poco más de 20 hinchas en la zona y que ya habían abandonado el escenario. El regreso a casa ostentó siempre esa tormentosa incertidumbre de encontrarme con barras de Santa Fe, Nacional, América…; que acondicionaría un escenario a otro precio. Esta vez, absolutamente todo estaba vestido de azul.

Anuncios

La gran idea de ‘Mechas’

El oficio de un periodista consiste en permanecer informado y sensibilizado ante los actos de un mundo en donde ocurren  grandes acontecimientos. El buscar noticias, salir a la calle y hacerse parte de este mundo conectándose con la realidad es expandir la información a aquellas personas que necesitan historias.

Intercambiando palabras bajo una carpa que cubre nuestros rostros, siendo las doce, medio día del lunes; Alex (de cariño ‘Mechas’), un personaje algo alegrón nos ofrece una idea donde pone a prueba mi curiosidad sobre el periodismo, haciendo referencia a una exposición.
7adc2-fotos005
Sin saber el camino exacto y teniendo poca idea de cómo llegar a la exposición, la decisión de aventurarnos a abordar una ruta desconocida me creaba cierta dosis de incertidumbre. Entonces, subimos brevemente al bus, el calor de la tarde se concentraba en aquel  vehículo de pocos pasajeros. Luego de unos minutos, el recorrido mostraba un edificio de gran inmensidad dejando ver su nombre: “Biblioteca Luis Ángel Arango”. Descendimos del bus, subimos las escaleras en dirección al segundo piso y a primera vista un letrero: “UN PAPEL A TODA PRUEBA” y un olor a periódico viejo predominante en el ambiente me llamó mucho la atención, era deducible, La Patria, El Volante, La Opinión, La Notica…, reposaban en una tira de cuerda sobre todo el grupo. Desde ese momento supimos que habíamos llegado a la exposición de la que nos había hablado ‘Mechas’.mostrada al público donde se conmemoran los 223 años de la prensa diaria en Colombia.  Interesado, nos disponemos a reunir un grupo de compañeros para embarcarnos en dicha travesía, ya que podría ser una oportunidad única para introducirme más en esta carrera que me apetece tanto.
60ea3-imagen059

El amarillo, rojo, verde y rosa resaltaban en una sala blanca los géneros que surgieron de la prensa; la noticia (entre ellos) era punto de partida en cuanto a la forma de hacer periodismo. De inmediato, nuestras pupilas tuvieron un punto en común: La crónica, esa que integra varios factores como el contar una historia y conmover a un lector con un lenguaje más narrativo. Grandes crónicas, como TIC TAC (donde un hombre se hace un cuestionamiento de los hechos ocurridos en su vida diaria) y Una Noche de lodo (relacionada con la tragedia de Armero) un suceso que marco nuestras vidas contando el instante en que Omaira, una niña de tan solo doce años, nos hizo padecer hasta la cúspide de su muerte. Crónicas como estas, ese día me hicieron entender que las historias pueden contarse desde otro punto de vista. Siguiendo mi recorrido en tan interesante exposición, denote a ‘Mechas’ muy concentrado observando uno de los folletos cuyo tema era la entrevista y colgaba del techo bibliotecario; entonces decidí acercarme para leer eso que tanto le interesaba, aquel género donde un periodista entra en contacto con los demás personajes incluyentes de una sociedad, escuchándolos, aprendiendo de ellos y trasladando al papel sus relatos y testimonios.

419a8-imagen042

Una de las entrevistas citadas que más recuerdo, fue hecha a un hombre invidente colombiano que sobrevivió a la tragedia cometida el 11 de septiembre del 2001 en las torres gemelas, dicha entrevista llamada: ‘Ojos que no vieron el infierno’, fue publicada por El Tiempo el 14 de septiembre de 2001. Fue cuando entré en conversación con ‘Mechas’, le di a entender como detona la historia de un país con ese tipo de acontecimientos, sin más preámbulos, ‘Mechas’ agregó “claro, las palabras de una persona expuesta a tantos conflictos ajenos conforman relatos convertidos en la historia principal del día, en un país sin nociones criticas de lo que le sucede y a la postre –reiteró ‘Mechas’– la entrevista puede exagerar y convertirse en lo que llamamos ‘amarillismo’ periodístico, ¿Por qué lo digo? Por que nosotros no estuvimos presentes en el momento que se dio la noticia y la historia está siendo contada con el desconocimiento de saber si ésta fue alterada”.

5f1a5-imagen044Finalmente, sólo me queda agregar que la tecnología reemplazo al papel por una red cibernética que comienza con ‘www’ y  generalmente termina en ‘.com’. La inmediatez nos invade, el consumismo se hace cada vez más fuerte y la prensa ¿Sobrevive actualmente?, siempre se ha hablado de la marea virtual como suplantadora del periodismo impreso, pero el lector es quien la mantiene.

¿Pero la prensa sobrevive actualmente?, siempre se ha hablado de la tecnología en detrimento del papel impreso, pero el lector es quien la mantiene.

Fotografías: Diego Prieto.

Coautor: Alex Sarmiento.