El “¡Qué partido!” en su estado puro

Las finales irregularmente brindan tan atractivos espectáculos, quizás por el hermetismo de los protagonistas, por la angustia de perder todo el esfuerzo entregado en una jugada o por miedo a recibir un gol sin intentar anotar primero. De inmediato se piensa en quien compite, en los rivales que postrados en la cancha luchan por objetivos similares y en el recorrido que ha hecho de dichos equipos los mejores del viejo continente. El 25 de mayo de 2013 no solo triunfó un equipo, también ganó el fútbol, que fue ejemplificado en su llamada catedral: el estadio de Wembley.

El resultado

El resultado

Desde que conocí los finalistas, siempre tuve en mi mente que este duelo de mezquino tendría poco, ya que los artistas de la obra desde el primer segundo moverían sus pies para moldearla magistralmente. Esa obra que terminó siendo considerada, por varios, una de las mejores finales de Champions League en los últimos tiempos. Puede que aquella remontada del Liverpool en 2005 también lo sea, pero no cabe duda del despliegue y generosidad que realizaron tanto Bayern Múnich como Borussia Dortmund. El partido no tenía escudos, sus armas eran el arco y la flecha. Más de 20 jugadas de riesgo describen lo sucedido, los goles llegaron luego de varias oportunidades obstruidas por el riguroso Neuer y la máquina Weindenfeller, espigados goleros figuras del encuentro, quienes perdieron protagonismo por cuenta del calidoso Robben y su revancha frente al penal errado hace un año contra el Chelsea.

El partido se decidió hasta el final de los 90 reglamentarios, lo cual demuestra lo apretado que fue el duelo, ¡Qué partido por Dios! Sin embargo, existe el campeón y el subcampeón, existen los que se llevan la copa y los que (en este caso) reciben a manos vacías merecidos aplausos. Al final, la orejona se sumaria a otras 4 que el Bayer ya ostenta en sus vitrinas y quedaría relegada de las 5 que se perdió; además, el resultado diría que levemente hubo uno mejor que otro, pero que ese otro, no era merecedor de tan diminuto premio.

En definitiva, el Borussia Dortmund seguirá adquiriendo esa jerarquía que hace llamar grandes a equipos como Real Madrid o Bayern Múnich, y el mismo Bayer, de la mano de Guardiola, intentará mantener o elevar esa vara que Heynckes ha dejando tan alta. La primera parada será en la Supercopa Europea, pues allí el Chelsea de un renovado Mourinho, querrá crecer más cuando enfrente en la dirección técnica a su conocido rival: Pep Guardiola.

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